Recuerdos del presente es una obra que desafía la lógica habitual con la que percibimos la vida, el tiempo y la realidad. Alberto Héctor Rolandi, en su primera novela, logra unir filosofía, ciencia y espiritualidad para construir una trama que no solo narra, sino que también interroga al lector sobre el sentido mismo de la existencia.
El protagonista, Juan, un abogado español nacido en Toledo que nunca ejerció su profesión, se convierte en el punto de partida de una profunda exploración interior. Impulsado por su curiosidad y su afán de comprender el universo, Juan se sumerge en el estudio de la física, la filosofía, las ciencias naturales y las matemáticas. Guiado por su amigo Rosendo, antropólogo, y acompañado por otros interlocutores —Ramón, el historiador, y Federico, el abogado—, el protagonista inicia un camino en el que la razón y el corazón se enfrentan en una lucha constante.
El prólogo presenta el conflicto central de la novela: Juan sostiene la teoría de que todo lo que existe no es real y todo lo real no existe. Según su razonamiento, lo que percibimos ya pertenece al pasado en el instante en que lo captamos, porque el tiempo y el espacio son solo atributos del fenómeno, pero no el fenómeno en sí. Lo único verdaderamente real sería el impulso, el movimiento que da origen a la existencia: aquello que podríamos llamar Dios, energía o conciencia presente.
Esta hipótesis lo conduce a una búsqueda tanto racional como espiritual: comprobar si la felicidad y el sentido pueden encontrarse dentro de una existencia que, por definición, parece ser solo memoria. A medida que avanza, Juan comienza a sospechar que hay personas en el mundo que poseen ese conocimiento —"guías" o "terapeutas"—, capaces de orientar los destinos de la humanidad sin ser reconocidas. Su objetivo, entonces, será encontrarlas y comprender el propósito de nuestra historia colectiva.
Rolandi logra una prosa que combina claridad y profundidad. En sus páginas hay momentos de introspección filosófica, pero también destellos poéticos y emocionales. El lector no asiste solo a una historia, sino a una experiencia reflexiva que lo invita a cuestionar qué significa recordar, existir y ser presente.
El epílogo lleva esta reflexión a su punto más alto y simbólico. Un cometa se aproxima a la Tierra y la humanidad, impotente ante su colisión, enfrenta su final. Lo que podría ser un desenlace apocalíptico se transforma, sin embargo, en una escena de revelación colectiva: ante la inminencia del fin, las personas comienzan a ver más allá de lo físico. Pueden percibir el aura, los colores que emanan de los sentimientos, y el mundo entero se unifica en una conciencia común. Desaparecen la mentira, la violencia y el miedo. La humanidad, al borde de la desaparición, se reconoce como una sola entidad, vibrando en una misma frecuencia de amor y verdad.
Y cuando finalmente el cometa y la Tierra se destruyen, el autor ofrece una de las imágenes más potentes del libro: la memoria del planeta se disuelve, pero con ella nace una nueva forma de vida. Los seres humanos se funden con la tierra, el fuego, el agua y el aire; son, a la vez, destrucción y creación. "Somos la tierra, el fuego y el agua, dioses enredados en la curiosidad de la memoria, pero también el rayo liberador del cometa."
Esa frase final resume la esencia del pensamiento de Rolandi: que la existencia no termina, sino que se transforma; que lo real no está en lo que percibimos, sino en aquello que impulsa la vida misma.
En definitiva, Recuerdos del presente no es solo una narración, sino una experiencia de pensamiento y sensibilidad. Es un libro que se lee con la mente, pero sobre todo con el alma; una invitación a mirar más allá de las apariencias y a comprender que lo real tal vez no pueda verse, pero sí sentirse. Rolandi no busca imponer una verdad, sino despertar en el lector la inquietud de buscar la suya propia.